Las posas de Conce

Ahora que llega el verano, se me vienen a la memoria las tarde de poza en el río la Prensa en Concepción. Hay por ahí muchísimas historias de viajes a este río, gracias a Dios todas con final feliz. Aquí les dejo algunos recuerdos de mi época de posero.

Alistando la poza por donde Mauro Jiménez (Tomada por Leo Campos)

Alistando la poza por donde Mauro Jiménez (Tomada por Leo Campos)

Muchas han sido las pozas del barrio que han servido para deleitar a varias generaciones  en Concepción. Después de las cogidas de café y cuando empezaba a subir el termómetro en los meses de Febrero y Marzo, recuerdo era el momento ideal para ir pensando en el primer viaje al río la Prensa a preparar la poza. En mis tiempos los más fiebres para la poza eran Pirí el de Rafael Jiménez, Giovanni (Peje) el de Álvaro Solórzano, y Braulio (Lulo) el de Benedicto Quesada. Así que, al ir saliendo las cogidas de café ya uno sólo pensaba en ir a revisar y alistar las posas del río. Sin embargo eran dos las posas más populares en el trayecto del río que iba desde donde estaba el altísimo palo de Tirra (que se calló por ahí del 2008) hasta el puente de la Prensa.

La primera y más famosa, era la poza de los Tubos. Se podía llegar por detrás de la casa del finado Augusto Quesada o cruzando por el cafetal de Poncho Quesada. Esta poza contaba con dos características claves: la profundidad y los tubos de acueductos y alcantarillados (AyA) que le pasaban por encima. Otra cosa importante es que a través del tiempo y sin importar mucho el impacto de la época de lluvia, la poza siempre se mantenía lista para recibir a los poseros. Claro, antes de atreverse a dar el primer salto desde el tubo más alto, había que meterse a la poza y asegurarse que no hubieran ramas o palos atravesados que pudieran causar algún accidente. Debido a lo oscuro de la poza, la profundidad, y lo difícil del clavado, esta poza siempre se quedó para los más atrevidos. Destacaban en esta categoría Lulo y Diego Quesada, hijo del finado Manuel (Nelo Quesada). Los demás, incluyéndome en la lista, veíamos los toros desde la barrera. Por otro lado, era poco el sol que le entraba a la poza de los Tubos y al ratico estaba uno con la carne de gallina del frío que hacía.

Unos 50 metros río arriba de la poza de los Tubos, estaba la segunda poza preferida. Esta era menos profunda, más expuesta al sol, y por lo tanto más atractiva para los menos atrevidos. Además era bien fácil de llegar porque quedaba al final el trillo que bajaba del potrero del finado Agusto Quesada. Eso sí, a esta poza había que ir a arreglarla cada verano para hacerla más grande. Así que en más de una ocasión había que echarse la pala al hombre, machete a la cintura, y sacar el rato después de las 2pm. Tierra, piedras sueltas y cuanto palo uno se encontraba servirían para hacer presa y agrandar la poza. Cómo gran atractivo ahí por 1988 bajaban unas chavalas que vivían del lado de San Juan que les decían las Despeinadas (adivinen el por que) y se bañaban en esta misma poza como Dios las trajo al mundo. La verdad dicen (yo no las llegué a ver) que no estaban muy guapas pero para unos poseros como nosotros, cualquier vuelto era bueno. Así como más de uno sacaba el ratillo para ir a atisbarlas cuando bajaban y echarse el Samuel.

Otros poseros de mi época del sector de Calle Afuera eran:

  • Alexander (Carrizo, Bombín, o Despeinada) hijo de Román Solórzano.
  • Henry (Zapatona) hijo de Romano Quesada
  • El hermano de Pirí, Félix (Indio)
  • Edgar (Ñoño), Carlos, y los Gemelos (José y Luis), todos hijos de Edgar Solórzano
  • William (Doctor) el hijo de Ramón Fallas
  • Emilio y Marvin (la Ley) hijos de Marco Tulio Guzmán

Mención aparte se merece Diego Quesada, el hijo del fijado Manuel (Nelo) Quesada. A este lo recuerdo como un carajo bien loco y atrevido. Desde tirarse en bicicleta sin frenos en la cuesta de Leticia hasta tirarse desde la rama más alta de un palo de Higuerón una vez que el puente en la cuesta de Leticia se taqueó y se hizo una poza.

En fin son muchos los recuerdos y es bueno saber que las nuevas generaciones hoy sacan el rato para ir a posear. Esperamos que la tradición siga siempre y cuando el río se pueda mantener saludable.